Carta desde la casa de verano -Oksana Zabuzhko de Ucrania




Querido:
la tierra está mohosa de nuevo.
Lluvia ácida: nuestros emparrados
de pepinos negros
sobresalen de la tierra como alambre rechinado
y no estoy segura de la huerta este año.
Necesita una buena limpieza
pero estoy temerosa de esos árboles.
Cuando paseo entre ellos parece
como si fuera a pisar algún animal muerto
pudriéndose en la alta hierba,
algo con gusanos que se arrastra,
algo sonriendo con insania bajo el sol ardiente.
Y los sonidos me ponen nerviosa:
anteayer, en la espesura maullando,
el monótono chirrido de un árbol,
el escándalo interrumpido de los gansos
todos constantemente estirándose
por la misma nota.
¿Recuerdas el olmo seco,
el que un rayo convirtió en un gigantesco hueso
carbonizado el último verano?
A veces pienso que se enseñorea
sobre el jardín completo
infectándolo todo con rabiosa demencia.
¿Los árboles locos cómo actúan?
Tal vez corren con furioso arrebato
como tranvías descarrilados.
En fin, guardo un hacha junto a la cama,
nunca se sabe.
Al menos las mariposas seaparean:
tendremos orugas pronto.
Oh, sí, la hija del vecino dio a luz a un niño,
un poco exagerado.
Tenía dientes y pelo ya
y podía ser un mutante,
porque ayer
teniendo apenas nueve días gritó:
¡¡Apaguen el cielo!!
y no volvió a decir una palabra.
Aparte de eso es un niño saludable
Bueno, eso es todo.
Si puedes salir el fin de semana
traeme algo para leer,
preferiblemente en una lengua que yo no sepa.
Las que llamo mías
se encuentran agotadas.

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